MEMORIAL A LAS VICTIMAS DE LA VIOLENCIA EN MÉXICO

MEMORIAL A LAS VICTIMAS DE LA VIOLENCIA EN MÉXICO

MEMORIAL TO VICTIMS OF VIOLENCE IN MÉXICO

La historia del proyecto del Memorial a las Víctimas de la Violencia en México inicia con un concurso nacional abierto convocado en julio de 2012 por las organizaciones sociales en torno al tema de la violencia. Fue organizado por el Colegio de Arquitectos de México y en él se revisaron ochenta proyectos.

Sitio y partido

El memorial se ubica sobre la esquina que forman Avenida Reforma y un extremo del Bosque de Chapultepec. Este sitio, de propiedad federal, por décadas estuvo bajo la jurisdicción de la Secretaría de Defensa; la acción del concurso nacional dispara en un primer acto la recuperación y creación de un espacio público que hasta ese momento no existía, y en segundo lugar se construye en él un espacio-memorial.

En ambos, la condición que domina es lo abierto. Es un proyecto que pretende ser abierto en lo físico-urbano, abierto en el uso y en la apropiación ciudadana.

En nuestra primera aproximación reconocemos la vocación del sitio en tanto bosque, con omnipresencia de lo natural. Son los árboles los que protagonizan y determinan el carácter del lugar. Para el proyecto, el sitio resultó un lugar de encuentro; un encuentro de energías, de movimientos, de flujos, de fuerzas y de materiales. El proyecto debe ser el condensador y síntesis de todas las partes, debe construir un diálogo con la ciudad.

Un Memorial es la pieza arquitectónica-espacial que materializa el no olvido y la memoria. En el caso del Memorial a las Víctimas de la Violencia en México implicó dar forma y espacio a uno de los temas más dolorosos y actuales de la sociedad mexicana; éste constituye un tema gigante y abierto en el tiempo. Ante esto, nuestra propuesta conceptual materializa un proyecto abierto en el espacio; abierto a la ciudad y abierto a la apropiación de los ciudadanos.

Proyectamos este memorial dedicado un tema abierto y muy doloroso de todo México ubicado en el Bosque de Chapultepec, el gran parque urbano de la ciudad. La práctica de proyectar el memorial nos hizo involucrar y profundizar en el tema de la violencia, nos llevó a pensar y reflexionar acerca de las ausencias y de la memoria, para luego expresar estos temas mediante formas y vacíos. Nos enseñó, más que nunca, a escuchar y a trabajar con la gente; trabajamos con personas víctimas de violencia en muy diversas formas y también con sus familiares. Trabajamos en aras de crear un proyecto abierto, vivo, inacabado y en movimiento; en cambio permanente en lo conceptual, en lo físico-espacial y en lo social.

Con el proyecto del memorial aprendimos a construir más con vacíos y menos con formas, a proyectar más con paisaje y menos con objetos.

Momentos del Proyecto

El proceso del proyecto y construcción del memorial implicó transitar por distintos momentos, el primer gran paso fue el asumir el reto de concursar. Le siguió un segundo momento en el que estudiamos e investigamos el tema de la violencia en México; nos entrevistamos con víctimas y familiares; analizamos, estudiamos y volvimos a visitar los memoriales; en Europa visitamos proyectos como Auschwitz y también memoriales contemporáneos como los que existen en Berlín, el Jewish Memorial Plaques, el Bayerisches Viertel en el barrio bávaro; el Memorial for Sinti and Roma in Berlin, el Memorial To LGBT Community; el Berlin Wall Memorial; el Plataforma 17, ubicado en la Grunewald Station y, por supuesto, el memorial a los judíos asesinados, proyectado por Peter Eisenman. En cada una de estas propuestas encontramos conceptos y recursos que podíamos asociar a nuestra propuesta, en la expresión arquitectónica del dolor que se expresa.

Más tarde, a pocas semanas de finalizar el proyecto, nos tocó también involucrarnos y sumarnos a los grupos que denunciaron la resistida apertura de la obra, y de este modo, nos convertimos también en parte de la activación del proyecto. El memorial fue un proyecto al que seguimos en todo momento, pero al que tuvimos que ir soltando, casi en simultáneo, para que otros comenzaran a tomarlo y hacerlo propio. Todos estos episodios construyeron un proyecto cargado de aprendizaje y significados múltiples, y que nos hizo madurar en la continua revisión de nuestro modo de pensar y hacer arquitectura.

Solo hasta que culminó esta secuencia de momentos siguió el más importante: —el proyecto de la gente—; un proyecto que luego de culminado y apropiado por la gente, fue renombrado y apropiado, un espacio lleno de dibujos, mensajes y nombres puestos por la sociedad; un espacio vivo.

Sitio y partido

El memorial se ubica sobre la esquina que forman Avenida Reforma y un extremo del Bosque de Chapultepec. Este sitio, de propiedad federal, por décadas estuvo bajo la jurisdicción de la Secretaría de Defensa; la acción del concurso nacional dispara en un primer acto la recuperación y creación de un espacio público que hasta ese momento no existía, y en segundo lugar se construye en él un espacio-memorial.

En ambos, la condición que domina es lo abierto. Es un proyecto que pretende ser abierto en lo físico-urbano, abierto en el uso y en la apropiación ciudadana. En nuestra primera aproximación reconocemos la vocación del sitio en tanto bosque, con omnipresencia de lo natural. Son los árboles los que protagonizan y determinan el carácter del lugar. Para el proyecto, el sitio resultó un lugar de encuentro; un encuentro de energías, de movimientos, de flujos, de fuerzas y de materiales. El proyecto debe ser el condensador y síntesis de todas las partes, debe construir un diálogo con la ciudad.

Un Memorial es la pieza arquitectónica-espacial que materializa el no olvido y la memoria. En el caso del Memorial a las Víctimas de la Violencia en México implicó dar forma y espacio a uno de los temas más dolorosos y actuales de la sociedad mexicana; éste constituye un tema gigante y abierto en el tiempo. Ante esto, nuestra propuesta conceptual materializa un proyecto abierto en el espacio; abierto a la ciudad y abierto a la apropiación de los ciudadanos.

Lo construido y los vacíos

Desde un inicio tuvimos la convicción de que los memoriales de la contemporaneidad deben ser piezas urbanas activas y activadoras; ser proyectos que operen más en la condición de paisaje y menos en la de objetos; deben convertirse en espacios vivos que sumen en la construcción de la ciudad y de la sociedad. A partir de estas premisas concebimos un espacio contenedor, abierto, vivo, en transformación permanente que pudiera sugerir paz, pero también que lograra mostrar y poner en evidencia lo abierto y lo no resuelto del tema: la violencia inacabada.

Nuestro proyecto debía provocar y sugerir vida y apropiación, pero también ser un espacio que contuviera la memoria, la reflexión, el duelo, la esperanza, la contención y la apropiación. Debíamos concebir un proyecto vivo y abierto en lo físico y en lo social; un proyecto inacabado que se construyera con tiempo y con la participación; un espacio que no se acaba ni resuelve; que abre el espacio y el conflicto hacia la sociedad.

Asumimos una actitud opuesta a un proyecto controlado y restringido, para optar por un proyecto abierto e inacabado; un proyecto que pudiera sugerir a través de su materialidad pero quizás, en mayor medida, a partir de sus vacíos, de lo no ocupado, de lo no construido, y que estos vacíos pudieran sugerir entonces la memoria de lo que ya no está y de quienes ya no están; lo invisible que nos permite evocar la no presencia. La gran acción proyectual construye muros; muros que emergen entre árboles que generan vacíos entre ellos; muros contenidos y a la vez abiertos. De este modo se acciona un juego dual entre construido y vacío, entre naturaleza y arquitectura, entre paisaje y materia; entre objetos y sombras, entre luces y reflejos; entre bosque de árboles y bosque de muros.

En la zona más amplia del terreno se genera un espacio que contiene un espejo de agua de bordes imprecisos, semi-contenido, abierto y desdibujado; un lugar de síntesis en el que las alturas, escalas, y materiales se fusionan en una forma inacabada y abierta. En este sitio los muros emergen con más potencia y dramatismo. Se trata de un lugar en el que muros y cielo se fusionan en agua conduciendo nuestra mirada hacia arriba y hacia abajo, hacia el cielo y hacia el agua, editando lo natural e infinito.

Lo invisible y lo inacabado

En muchos proyectos los arquitectos queremos piezas que sean vistas; proyectos como torres en la ciudad, que son emergentes, que construyen una marca en el skyline. Por otro lado existe una situación en la que los proyectos operan en una mezcla entre querer exponerse y asociarse a un contexto consolidado, y por último hay otros casos en los que se pretende ser invisibles, sometiéndonos a algo mucho más grande: este es el caso del memorial.

En el proyecto del memorial quisimos acercarnos a un estado de invisibilidad; aspiramos a construir sin ocupar; quisimos construir para evidenciar el vacío y las sombras; crear presencias que denuncian ausencias; sumar para nunca completar; construir en forma sutil y casi en silencio; hacer arquitectura casi sin ser vistos. De este modo, en una posible lectura podría decirse que nuestro proyecto se limita a un solo disparo que se suma a lo existente: el bosque. El conjunto de muros se suma al bosque, pero a su vez el proyecto marca un comienzo, un primer gesto proyectual abstracto que juega en lo sutil y por momentos alcanza lo contundente.

Nuestra propuesta opta por un proyecto de construcción colectiva y social al que luego se sumará el proyecto de la gente. Año tras año se sumarán eventos, miradas, recorridos, textos, dibujos, serán capas de óxido que luego se lavarán con las lluvias año tras año, semana tras semana, y esto volverá a suceder una y otra vez. Comenzará un ciclo, terminará y volverá a comenzar otro; nunca se acabará... Y de ahí el proyecto opera en torno a la violencia, como una pregunta permanente, abierta y sin responder. El memorial será siempre un proyecto en movimiento, por siempre dinámico y vivo, para siempre abierto y en construcción; eternamente inacabado.

Bosque de muros, bosque de árboles

Si la violencia es destrucción, la acción opuesta de construir podría sugerir la no-violencia. Es decir, construimos como antídoto contra la violencia; construimos el muro como elemento esencial de la arquitectura. Construimos un bosque de muros que se suma al bosque de árboles; ambos materializan la idea esencial del proyecto, entre ellos está el vacío, que resulta aún más importante que lo material. Es el espacio desde donde se ve, un vacío que se habita y se recorre; un espacio siempre en movimiento y cambiante, un espacio vacío que simboliza la ausencia.

Los muros del memorial ocupan una mínima huella a fin de dejar lugar al vacío. Los muros penetran en la tierra y lo hacen en forma de cuchilladas. Son tajos en un lienzo que es el terreno, tal como un cuadro de Lucio Fontana, generando entonces una marca mínima, pero profunda sobre el terreno, y de estos tajos surgen los gigantes: los muros. Se materializa un conjunto de muros que son presencias físicamente poderosas, pero que al mismo tiempo juegan y se asocian con una presencia mayor, preexistente, que es el bosque. Entre ambos están los vacíos; los tres layers —muros, bosque y vacíos—se funden y conforman la esencia espacial y simbólica del proyecto. En el memorial el muro es uno solo que se fragmenta y deconstruye en setenta partes que horizontales o erguidas a veces nos detienen, pero otras nos guían, nos hablan o llevan nuestra mirada hacia el cielo. Son muros de acero que también son pizarrones o palinsestos en los que la gente escribe, dibuja y registra sus sentimientos.

El proyecto propone materializar un soporte físico, y a la condición de memorial se llega a partir de la apropiación e intervención de la gente. Estos pizarrones construyen el soporte de las expresiones de miles y miles de personas de hoy y del futuro que intervendrán el espacio escribiendo, dibujando, graficando el dolor. La memoria y la esperanza se disparan; aquí radica lo esencial de nuestro proyecto: el proyecto vivo y construido por la gente.

Materialidad viva

[…] los materiales naturales permiten que nuestra vista penetre en sus superficies y nos capacitan para que nos convenzamos de la veracidad de la materia. Los materiales naturales expresan su edad e historia, al igual que la historia de sus orígenes y la del uso humano. Toda materia existe en el continuum del tiempo; la pátina del desgaste añade la enriquecedora experiencia del tiempo a los materiales de construcción. Pero los materiales actuales producidos a máquina […] tienden a ofrecer al ojo sus superficies implacables sin expresar su esencia material ni su edad. Los edificios de esta era tecnológica […] no incorporan la dimensión temporal ni los inevitables procesos mentalmente elocuentes del envejecimiento. Este miedo a las señales del desgaste y de la edad guarda una relación con nuestro miedo a la muerte.

Un memorial que evoca y expresa la violencia y la paz, debe tener una materialidad que involucre y evoque el tiempo. Debe representar la muerte, pero también la vida y el desgaste; por esto los materiales que utilizamos debían ser congruentes con la propuesta conceptual. De ahí la paleta reducida a dos materiales: concreto y acero, dos materiales nobles, presentes en la arquitectura y que construyen la forma esencial y son, al igual que nosotros, sensibles al paso del tiempo. El acero corten es nuestra elección material más importante, dado su permanente estado inacabado, su color cambiante y su textura; su oxidación y empatía con el paisaje construyen los muros del memorial.

Un memorial vivo y en transformación

El primer proyecto es el de arquitectura, el que nace a partir del concurso nacional convocado por la sociedad civil. Pero el proyecto más importante es el que siguió: el proyecto de la gente.

Este es el proyecto que se suma a una propuesta abierta y es el que se construye a partir de la apropiación de la ciudadanía. Este proyecto quedará para siempre y estará en continuo cambio, es el memorial vivo. Así se concibió la primera idea: un proyecto que desde su punto de partida incluyera a las víctimas y a los familiares presentes en el proceso, pero dándose una culminación y un escalamiento a partir del momento de la apropiación.

De este modo, al soporte material de los setenta muros de acero, un día se sumaron cientos de textos, otro día fueron dibujos, a los que se sucedieron más y más. Otro día aparecieron más de diez mil nombres instalados por el Comité de Familiares de Víctimas del 68, y en el mismo acto el memorial fue renombrado como: Memorial a las Víctimas de la Violencia de Estado, nombre dado por la gente; En otro momento también surgieron cientos de dibujos, y cada 2 de noviembre se llena de flores y así sigue, y así seguirá.

Se seguirán sumando eventos, miradas, recorridos, textos, dibujos, años y capas de óxido que luego, año tras año, semana tras semana, se lavarán con las lluvias, y esto volverá a suceder una y otra vez. Comenzará un ciclo que terminará y volverá a comenzar otro y así sucesivamente. Nunca se acabará…

Este es el proyecto que queda para siempre, pero no de modo estático, por el contrario estará siempre en continuo cambio y transformación; es a partir de la gente que se logra el memorial vivo.

Y de este modo se construye el proyecto colectivo de memorial a modo de una pregunta permanente, abierta y sin responder, y como consecuencia de esto surge un proyecto en movimiento, por siempre vivo y dinámico, por siempre abierto y en construcción, eternamente inacabado.

 

 

Este memorial es una suma de distintos y singulares momentos; son momentos de materia, de silencio y reflexión profunda. 
Estos grandes muros de acero, con su color tan especial, nos conmueven
 y nos llenan de emoción.

Me impresiona ver cómo estos gigantes metálicos desaparecen dentro del bosque... Me impacta el Memorial y su riqueza y variedad de escenas, recolecciones, asociaciones y momentos y su belleza pura.

Juhani Pallasmaa, México, mayo del 2016 

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Colaboradores
Avilés, Gustavo
Sánchez, Hugo
Martínez, Tonatiuh
Año de concepción del proyecto
2012
Año de finalización de la obra
2014
Coste (€/m²) ($/m²) (€/ha) ($/ha)
170 ($/m²)
Categoria premio
Regeneration
Subcategoria premio
Escultures
Superficie
15000
Tipo de cliente
Administració pública
Nombre cliente
Presidencia de la República, CEAV (Antes províctima), INBA, SEDESOL
U.M.
square meters
Dirección
Domicilio conocido S/N Polanco Chapultepec, Bosque de Chapultepec I Secc 11560 Miguel Hidalgo, CDMX México
Coordenadas UTM
14 479096.5245m E 2147867.7909m N
Ciudad / Emplazamiento
Ciudad de México
Región
América Latina
País
México